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Laura Amado: “Se están diagnosticando casos de TDAH por encima de los que hay en realidad”

Todos hemos oído hablar del TDAH, el Trastorno por Déficit de Atención e Impulsividad, pero realmente, ¿cuánto sabemos de él? ¿Existe o no existe? ¿Cómo se trata? En Diario El Prisma hemos querido saber más acerca de esto, así que hemos entrevistado a alguien que puede ayudarnos: Laura Amado, psicóloga experta en TDAH (ha escrito su tesis doctoral precisamente sobre este tema) y Directora de Estudios de Psicología en la Universidad Abat Oliba CEU.

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Un tema que aparece cuando hablas de TDAH por la calle es esa afirmación de “ah, es que eso es una cosa que se han inventado para llamar a los niños nerviosos…”

Lo que dices es verdad, está pasando y es normal que esté pasando. El año pasado, de hecho, estaba dando una asignatura sobre el tema y apareció circulando por Facebook una foto en la que el supuesto inventor del TDAH negaba la existencia del TDAH, lo que es como súper paradójico, ¿no? Sin embargo, en los libros de historia aparece una lista de los autores desde 1854 hasta la actualidad que han sido relevantes en la descripción y conceptualización de este trastorno y este señor de la foto no aparece en ningún momento… Es gente que sí, que está en el tema pero que no han sido de gran relevancia, pero que lanza el mensaje de que no existe.

Entonces, ¿existe o no existe?

Yo creo que hay un continuo entre los que defienden la existencia del TDAH y los que dicen que no, que es totalmente un invento. Yo estoy en el término intermedio. Por mi investigación y mi práctica clínica, puedo decir que he conocido a niños que sufren este trastorno, y que no tiene nada que ver el niño despistado y movido con el niño que realmente tiene una incapacidad para regularse cuando desea hacerlo. Entiendo que exista la visión de “esto es un invento, a cualquier niño movido se le diagnostica…” porque está pasando.

Hace quince años, cuando no había tanta información en las escuelas, ni había Facebook ni Twitter ni nada de eso, no pasaba tanto. Se ha crecido tanto en difundir información sobre el tema que estamos en un punto en que a la mínima alerta de que el niño presenta un síntoma que podría ser visto como TDAH, los profesores -o también algunos psicólogos- no se toman el tiempo necesario para analizar todo el proceso de evaluación y asignan enseguida la etiqueta. Se está produciendo lo que llamamos un sobrediagnóstico, un diagnóstico por encima de lo que existe en la realidad, y eso está haciendo mucho daño a la hora de negar el TDAH que de verdad existe. Se están emitiendo “falsos positivos”: niños que tienen la sintomatología, pero que puede ser por muchas otras causas. Los síntomas nucleares del trastorno -inatención, hiperactividad e impulsividad- no son específicos del TDAH. Por ejemplo, uno puede presentar estas dificultades si está pasando por una etapa de elevado grado de estrés o ansiedad, o si el niño tiene una familia desestructurada o en la que no haya orden o interés en la educación…

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Volvamos un momento a lo básico. Cuando hablamos de TDAH, ¿de qué estamos hablando?

Pues como hemos dicho, cuando hablamos de TDAH no nos referimos a niños despistados o movidos, sino que son casos con un trastorno grave y crónico. El TDAH es un síndrome que se caracteriza por un desarrollo inapropiado de los mecanismos que regulan la atención, la actividad y la impulsividad. Se dice que es un síndrome neurobiológico y neuroevolutivo porque en su base existen disfunciones de tipo biológico. Pero no hay que caer en pensar que si naces con una predisposición, vas a desarrollar el trastorno sí o sí. No existe una única causa que explique la aparición de los síntomas que identifican el trastorno, pero la biológica es una de ellas. La biológica predispone, no determina: predispone a la persona a tender a la distracción, a tener una mayor dificultad para concentrarse… Pero hacen falta otros factores -que llamamos “factores de riesgo”- que no se basan tanto en lo biológico sino más bien en lo psicosocial, en lo ambiental… Son los que llevan a la persona con predisposición a desarrollar el trastorno.

O sea que podemos decir que la persona no nace con TDAH sino que se hace…

Las dos cosas. Es como el lenguaje: se nace con la capacidad de desarrollar el lenguaje pero a hablar se aprende a partir de la interacción con los otros. El TDAH lo mismo: se nace con una predisposición y se desarrolla por estos otros factores. Y de hecho hay muchos estudios que demuestran que el trastorno en muchos casos se hereda. En familias en las que hay un niño con TDAH es frecuente que el padre también lo haya tenido. Y digo el padre porque es un trastorno que se da mucho más en chicos que en chicas. Este hecho de que se herede corrobora la hipótesis de una base biológica en el trastorno. También sabemos que una parte de las causas es biológica porque hay disfunciones neuroquímicas en la dopamina, el neurotransmisor que hace funcionar la parte del cerebro que regula la impulsividad. Esto es en lóbulo frontal, que es el lóbulo principalmente ejecutivo.

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Hablas de niños, pero ¿el TDAH se da sólo en niños?

Bueno, hasta hace quince o veinte años se hablaba siempre de hiperactividad infantil -entendemos infantil como la etapa desde el nacimiento hasta los 17-18 años- y se asociaba el TDAH a la infancia, pensando que después la persona maduraba y este trastorno desaparecía. Hoy sabemos que no es así del todo: al ser un trastorno de base orgánica en parte, es lógico que sea crónico, es decir, que se mantiene a largo plazo, para toda la vida. Es como el autismo o el síndrome de Down. De hecho, en mayo de 2013 se actualizó la categoría del TDAH en el DSM, que es el manual de cabecera que utilizamos los psicólogos para ordenar los trastornos mentales. Hoy en día se está mirando todo el tema de lo que se llama “perspectiva de ciclo vital”, que es ver cómo intervenir de forma diferente a lo largo de la vida, siguiendo la evolución del paciente.

¿Y cómo se diferencia un niño nervioso de uno que realmente es TDAH?

La persona que suele detectarlo, aunque parezca raro, suele ser el profesor del chaval, más que la familia. Esto es porque la familia muchas veces, si ya tiene un estilo de funcionar un tanto hiperactivo, no ve una alteración en el hijo. Y si además no tienen más hijos para comparar, en casos de hijo único o de que es el primer hijo, por ejemplo… Por ello suele ser el maestro, que tiene mucha más capacidad a la hora de conocer al niño en su momento evolutivo -porque suelen llevar muchos años dando clase a la misma edad- y compararlo con los demás niños. Enseguida salta a la vista el niño que tiene una dificultad de autocontrol, aunque después el hilar fino para ver cuánto hay de causa psicoafectiva o ambiental y cuánto hay de biológica, el maestro no lo puede llegar a dilucidar en los casos más frontera, que son los más difíciles.

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Entonces, esta distinción en la frontera…

Lo han de hacer o el pediatra, el neuropediatra, el psiquiatra o, por supuesto, el psicólogo, aunque siempre en colaboración con el maestro y la familia. Se está produciendo tanto sobrediagnóstico porque algunos de los profesionales de la salud piensan que simplemente con una entrevista a los padres o al chaval ya sirve, sin contar con el profesor, que es el otro pilar. A través de una única entrevista, estos médicos ven la sintomatología central y ya está, ¡pum! TDAH. Están diagnosticando síntomas, pero diagnosticar síntomas no es diagnosticar todo un cuadro, que va más allá. Es como un iceberg: los síntomas son solo lo que está en la superfície, no la base -que es lo peligroso, es lo que hizo hundir el Titanic.

¿Entonces, cómo se ha de hacer la distinción?

Lo que no se puede hacer es diagnosticar solo a través de una única observación. Así no se puede distinguir si es o no TDAH. Existen una serie de protocolos a seguir que dejan clarísimo que hemos de ser prudentes, pacientes, reflexionar e invertir todo el tiempo necesario hasta que recopilas toda la información suficiente para poder emitir una conclusión. Lo principal del protocolo son las entrevistas al chaval o a los padres, junto a una llamada al profesor o a que este complete unos cuestionarios para ver si hay concordancia entre lo que pasa en casa y en el cole, porque esto es clave.

¿Por qué es clave?

Porque el niño con TDAH no solo tiene dificultad en clase o haciendo los deberes: también tiene dificultad ante el juego o ante la relación social. Una persona que tiene dificultades de atención en el cole pero que luego es un hacha concentrándose en el deporte, por ejemplo, no es TDAH.

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Entonces un niño con TDAH es disperso en todo momento…

El niño con TDAH una de las formas que tiene de canalizar las emociones que no puede autorregular -porque esta es una de las dificultades principales que tienen- es el movimiento por el puro movimiento. Y de hecho ves en su cara que es involuntario. Es lo que le pasa a cualquiera que no sepa cómo canalizar la rabia o la frustración ante algo que te pasa. Con la edad aprendemos estrategias para regular esta rabia, pero una persona con TDAH precisamente tiene una dificultad mayor en hacer esto. No es que sea habitual que el niño con TDAH rompa más cosas, pero lo que sí que hacen es desmontar cosas y luego no saber cómo montarlas de nuevo. Esto es porque son muy curiosos y les cuesta frenar esta curiosidad, tienen dificultad a la hora de contener esta curiosidad sin prever las consecuencias que puede traer. O a veces se meten en problemas con compañeros o profesores por esa molestia de contenerse verbalmente o físicamente. No es que quieran romper cosas, es que no hay control, no hay planificación. Pero cuando se han metido en un problema les ves la cara de “¿qué ha pasado? ¿qué he hecho?”. Pero tampoco pueden almacenar esto en la memoria y tenerlo en cuenta para la próxima ocasión.

Y, ¿cómo es el tratamiento para el TDAH?

Como tratamientos eficaces encontramos básicamente tres, la intervención farmacológica, la intervención psicoeducativa y la combinación de las dos anteriores. El problema es que en muchos casos se limita solo a la primera, a los medicamentos, y eso es un error.

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¿Por qué?

Porque es eficaz solo a corto plazo, unos 6 meses. Los efectos de los medicamentos no se mantienen al dejar de tomarlos, es decir. los síntomas de TDAH vuelven a aparecer si se para de tomar las pastillas. Esta primera opción solo es necesaria a veces -ni en casos leves ni en edades tempranas, de 6 a 12 años, se debería dar medicación-, y nunca es suficiente. El problema es que es la vía fácil, porque minimiza la dificultad de forma inmediata y además es más barato. Otro problema con las medicinas, por ejemplo, es que si un sano se toma la dosis de un TDAH le lleva a la focalización excesiva en algo, y esto no es funcional. Se dan casos de habla robotizada o un exceso de autocontrol.

¿Cual ha de ser entonces la vía para tratar el TDAH?

Es centrarse primero en el segundo tratamiento, que es la intervención psicoeducativa. Este consiste en formar y apoyar a la familia y al profesor, sobre todo en el caso de menores. Este tratamiento es para mí más importante que el primero, y es tanto o más eficaz que la medicación en algunos casos. Los problemas que lleva consigo el TDAH suelen ser acumulados: problemas con el estudio, en las relaciones sociales o en casa… y esto la medicación no lo resuelve.

El tercer tratamiento es la terapia combinada de los dos anteriores: es considerar que la medicación ha de darse cuando ya hemos quemado todos los demás cartuchos y nunca en edades tempranas. Hasta que el niño no llega a la ESO y luego al Bachillerato o la universidad, no habría de haber pastillas. De hecho, muchos de los que tienen este trastorno y llegan a la universidad es porque se ha hecho un buen tratamiento del que salen con una capacidad de logro, de esfuerzo mucho mayores que otros estudiantes de su misma edad que no han tenido estas dificultades. También se da el caso de que cuando un TDAH llega a la universidad suele estar hasta las narices de la medicación, por lo que la dejan y, gracias a que han sido acompañados -el segundo tratamiento- pueden tirar adelante sin ella, usando las pastillas solo en momentos puntuales, como los exámenes. Llegan con una madurez con la que otros no llegan.

Acerca de Guillermo Altarriba

Guillermo Altarriba
Periodista en acto y politólogo en potencia. Apasionado del cine, los cómics y demás artefactos peligrosos: estoy convencido de que en la Cultura se libra la batalla más importante. Cuando me dejan, dibujo. VTR

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