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La mentira en la propaganda política y la publicidad

Guy Durandin – La mentira en la propaganda política y la publicidad

Paidos, 1983 – 203 páginas

«Los políticos son unos mentirosos», «los anuncios solo buscan venderte los productos pero les da igual contar la verdad». Todos hemos dicho alguna vez estas u otras expresiones similares, pero realmente ¿hasta qué punto nos hemos parado a pensar en ellas? Gur Durandin se ha parado hasta el punto de analizar y sistematizar los diferentes tipos de mentira tanto en la propaganda política como en la publicidad. Al autor francés no le basta con decir «todos mienten»: el quiere saber cómo mienten.

 

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Se podría pensar que, dado que el libro trata sobre las diferentes formas con las que nuestros políticos y publicistas nos mienten, Durandin cae en el escepticismo o el relativismo. Pero no, más bien al contrario: el autor señala que la mentira se entiende solamente en relación a la verdad –que se define como la relación entre la realidad objetiva y el conocimiento que uno tiene sobre esta realidad-, y solo renunciando al relativismo es posible establecer un análisis completo y efectivo sobre la mentira –pues, si nada es verdad, la verdad la puede imponer cada uno-. Esta aclaración teórica tiene una importancia capital para entender la práctica de la actuación humana. Nuestra conducta, según entiende Durandin, está determinada por dos factores: el deseo –o la voluntad de hacer algo- y la información que recibimos acerca de este deseo –que afectará obviamente a nuestra voluntad-.

La mentira afecta a esta segunda parte: tergiversando la información que recibimos, emitimos un juicio erróneo que puede llevarnos fácilmente a una conducta diferente a la que habríamos elegido de haber contado con la información verdadera. En este sentido decimos que es un arma, y esta es la premisa básica de la que parte este libro. La mentira es un arma porque con ella se sitúa al adversario en una posición de inferioridad al negársele a este el acceso a una verdad que uno sí conoce.

Durandin afirma que, a nivel analítico, una mentira se define como la combinación de una operación y de una o varias especies de signos. Cuando habla de “signo” nos referimos a aquello que se hace percibir al interlocutor con ánimo de inducirlo a error; es decir, los signos son las palabras, las imágenes, los falsos signos materiales (falsos objetos, falsos personajes y falsas acciones) y los documentos falsos. El mentiroso combina uno o varios de estos signos con una operación para llevar a cabo la mentira. Estas operacionesa grandes rasgos son tres: las supresiones (hacer creer que algo que existe, no existe), las adiciones (hacer creer que algo que no existe, existe) y las deformaciones (hablar de una cosa que existe diciendo de ella cosas que no son ciertas).

Joseph Goebbels (dcha) es uno de los personajes que más aparecen en el libro citados como ejemplo de mentira
Joseph Goebbels (dcha) es uno de los personajes que más aparecen en el libro citados como ejemplo de mentira

En lo tocante a la propaganda política, el libro se regodea en explicar las mentiras que se contaron y realizaron durante la Segunda Guerra Mundial o bajo el régimen comunista soviético. El propio Durandin dice que, aunque en tiempos de guerra obviamente las actuaciones son diferentes que durante la paz, tiene sentido analizar la mentira durante un conflicto porque es una exageración de lo que también ocurre, aunque a menor escala, cuando no hay este conflicto. Algunos ejemplos que se dan en el libro son el uso de la «propaganda negra» (aquella en la que se miente sobre la fuente, como por ejemplo en falsas emisoras de radio en alemán que los aliados utilizaban para desmoralizar a las tropas, y viceversa), de los pseudoacontecimientos (eventos montados con apariencia de hecho noticiable para atraer a los medios pero que en el fondo son un anuncio encubierto para lograr publicidad gratuita), de los falsos documentos (como un mapa en el que no se muestra una zona de arenas movedizas que se filtra al enemigo para que caigan allí) o del uso de objetos tales como tanques de goma para despistar.

Cabe señalar aquí la distinción que hace Durandin entre mentira y táctica militar, pues a veces puede ser difícil diferenciarlo. En palabras del autor: “esta distinción entre táctica de guerra y mentira exige ser precisada: propondremos llamar mentira al hecho de emplear, desviándolos de su sentido, signos que han sido objeto de una convención o una cuasi convención. (…) La diferencia es importante, porque la violación de una convención tiene consecuencias más generales: con que uno se ponga a utilizar las palabras y los signos unos por otros, todo el sistema de signos se desploma”. Es muy lúcida la diferencia que Durandin establece entre mentira y táctica bélica. Es acertado poner el acento para distinguir una de otra en la convención, en que la ruptura de la convención es lo peligroso (poner tanques de goma es una treta porque no hay ninguna convención que diga que los tanques han de ser reales siempre, pero pintar una cruz roja en el tejado de un almacén de armas es una mentira –y, por tanto, más peligrosa- porque viola una convención: si esta se rompe, los heridos en otras guerras ya no estarán protegidos por ese símbolo).

En definitiva, un trabajo más que recomendable para poder hablar con propiedad de la mentira tanto en la propaganda política como en la publicidad.

 

Acerca de Guillermo Altarriba