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La cara olvidada de las asociaciones de cannabis

[Un reportaje de Álvaro Floyd G-n, que nos trae la información  justo a tiempo ]

El aumento de asociaciones en ciudades como Barcelona ha abierto el debate sobre la regulación del cannabis, pero pocas iniciativas contemplan partir desde el ámbito medicinal.

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Un día del pasado mes de enero, Ramón (holandés de 34 años) llegó a la asociación cannábica APGV de Gràcia, Barcelona, llorando. No podía casi ni moverse. Sus problemas cervicales y la artritis que padece le provocaban unos dolores insoportables, y con la llegada del frío habían ido a peor. Desde hace cuatro años que tiene problemas: su nuca tiene forma de ese y aun habiéndole reducido las desviaciones tiene demasiados nervios bloqueados. Hace 8 meses que sabe que a eso se le ha sumado osteoporosis. Su calidad de vida es muy mala. “No puedo dormir tumbado, no me puedo relajar. Estoy todo el día de pie, tenso”, cuenta Ramón.

El día que Ramón llegó a APGV, Olivier, uno de los encargados, llamó al Dr. Modesto Guerola. Modesto es pionero en recetar médicas de cannabis terapéutico a aquellos pacientes que lo necesitan y ofrece sus servicios a esta asociación, entre otras. Recetar cannabis terapéutico es ilegal; sin embargo, “si a uno le pillan pero lleva la receta médica y el informe médico y acaba en los tribunales, éstos terminan dándole la razón”, afirma Modesto, que ve esto como “un sinsentido porque lo único que hace es entorpecer al paciente”. Lo más práctico, para él, sería regularlo. Y en esta regulación, las asociaciones cannábicas ejercen un papel fundamental: son las encargadas de impulsar iniciativas y, en ciudades como Barcelona, ya hay alrededor de 200 locales contabilizados (hace dos años apenas alcanzaban los 40) y se ha convertido en un asunto que está dando mucho que hablar.

Éste rápido aumento se debe a que “el marco legal sobre el cannabis en España es ambiguo y está lleno de lagunas”, explica el abogado penalista Juan María Xiol, “lo que lleva a que los tribunales lleguen a resoluciones muy dispares ante circunstancias muy similares”.

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Las asociaciones se acogen a lo que se conoce como consumo compartido, concepto que surge desde que en 1974 la legislación española despenalizó el cultivo del consumo personal de cualquier sustancia. El propio Tribunal Supremo ha admitido en distintas sentencias que no es sancionable que un grupo de personas se junte y cultive para el autoconsumo. Este autoconsumo, no obstante, ha de cumplir una serie de requisitos como que se lleve a cabo en espacios privados, que tenga acceso restringido a consumidores habituales y mayores de edad, que no se sobrepase el límite permitido por persona o que no se consuma fuera del recinto.

Hasta ahora se ha mostrado sobre todo el papel que ejercen las asociaciones de cara al cultivo y consumo del cannabis con fines lúdicos y en la sombra están los servicios para los de uso medicinal. Pero éstos centros también han facilitado mucho la vida a los que necesitan el cannabis terapéutico y a los médicos, como Modesto, que se atreven a prescribirlo. “En las asociaciones que lo hacen bien, los productos que ofrecen tienen porcentajes estables de cannabinoides, no contienen metales pesados y además saben la cantidad que deben recetar a cada paciente, pues cada uno es diferente”, argumenta Modesto, que sólo colabora con las asociaciones que sabe que “trabajan bien”.

En APGV los usuarios terapéuticos tienen un 20% de descuento y los enfermos terminales que la necesitan sólo para aliviar los dolores la adquieren gratis.

Una de las vías de uso del cannabis medicinal es la cutánea. Se trata de una pomada mezclada con cera, que hace de apósito natural. Las otras dos vías son por inhalación y la oral. A Ramón se le recetó la pomada y está sorprendido. Antes le habían dado de todo ya: calmantes, pastillas…pero las considera “veneno” porque le dejaban “colocado”. Además recalca que “con la Seguridad Social tardan mucho tiempo en dártelas”. Cuenta que ha mejorado muchísimo más con la crema que tomando pastillas y que cada vez duerme mejor y se puede tumbar más. A pesar de que su empresa no le prolongó el contrato porque realmente no estaba en condiciones, Ramón ahora está animado y preparado para volver a trabajar. “Quiero volver a tener una vida normal. Quiero funcionar y en verano, bailar”, apostilla.

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La misma pomada se le recetó a Mari Carmen, de 53
 años, a quien hace un año le diagnosticaron 
fibromialgia. Explica que se “sentía frustrada” 
porque “de la noche a la mañana tenía que moverme 
tocando las paredes, no podía coger ni una taza de
té, ni levantar el colchón para preparar la cama”. 
Acudió, como en otras muchas ocasiones, a
 Modesto, quien le recetó el cannabis medicinal por 
primera vez. Al principio le chocó, pero su marido le
 instó a que confiara en él, pues siempre les había
 dado buenos resultados. Desde entonces se aplica
 todas las noches la crema en las muñecas y da 
resultado: “me siento bien y estoy optimista, que es 
lo importante. He recuperado mi vida normal y con
 los otros métodos no notaba cambios; con los
 antidepresivos llegaba un momento que no tenía 
ideas, que estaba atontada”. Tanto Mari Carmen
 como Ramón consiguen la pomada en APGV, de la que son socios, y ambos abogan por una regulación por la vía terapéutica.

Para Modesto el objetivo es “romper esquemas”, dar una imagen de formalidad que ahora no hay porque la gente asocia la marihuana directamente con el drogadicto y esto no beneficia a mucha gente a la que ayuda y a mucha gente a la que podría ayudar. Mari Carmen opina igual, y desea que algún día la pueda adquirir en la farmacia “sin que nadie se asustase ni me mirase como a un bicho raro”. Todas las partes creen que enfocar una regulación desde el ámbito medicinal podría abrir ventanas al lúdico y facilitar los trámites pues, entre otras cosas, dejarían atrás los tabús, haciendo ver a la sociedad que se trata de gente normal. Aun así, para Olivier todavía queda mucho porque para eso hace falta “tiempo, educación e información”.

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