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DIEZ AÑOS COTIZANDO: LA HISTORIA DE ANDREW (PARTE II)

Imagen: periodistadigital.com

Parte 1

“Si me hubiera vuelto a Nigeria después de medio año en España, mi visión de Europa sería muy distinta que si me hubiera vuelto dos años después, y sería distinta si volviera hoy”. Andrew había sido estafado, y eso le dolía de verdad. Sin embargo, Francisco apareció de repente, como caído del cielo, y no sólo le mostró qué es lo que había ocurrido con su trabajo en la obra, sino que le consiguió un nuevo trabajo e incluso le ofreció una casa.

En efecto, Andrew trabajó como electricista desde 2001 hasta 2011, cotizando en la Seguridad Social, gracias a la ayuda que le prestó Francisco. Además, desde 2001 hasta 2006 estuvo “alquilado” por el módico precio de 0€ mensuales, en un piso de Francisco.

En el año 2006 Andrew consideró que su situación económica era cuanto menos boyante, que el sueño europeo podía estar cumpliéndose, y, agradeciendo mucho a Francisco su ayuda, abandonó su casa para hipotecarse por un adosado en un pueblo cerca de Zaragoza y tratar de traer a su mujer y a sus hijos de Nigeria.

Ese mismo año llegó su mujer al aeropuerto de Barajas, pero volvieron a empezar los problemas. La misma noche de su llegada le robaron el bolso con el pasaporte y el dinero que tenía. Denunciaron en la Policía, pero Andrew considera que no le hicieron ningún caso, porque el bolso nunca apareció.

Pidieron un nuevo pasaporte en la embajada nigeriana y se lo dieron. Tuvieron dos hijos más viviendo en España. Un día les llegó una carta diciendo que su mujer no podía permanecer en España. Fueron al juzgado, les retiraron los pasaportes y dijeron que eran falsos. Este es uno de los problemas que más preocupan a Andrew. Dice que un juez español no puede destruir un pasaporte que le habían dado a su mujer en la embajada de su país, y está convencido de que se cometió una ilegalidad contra ellos. Hay un equipo de investigación del Diario de Navarra que está tratando de esclarecer este punto.

Después de esto, los problemas se sucedieron uno tras otro. Su mujer tuvo que volver. Sus hijos pequeños se fueron con ella. Al cabo de un año, Andrew quiso traer a sus hijos de vuelta a España, pero no fue posible, porque hay una ley que prohíbe que los hijos de inmigrantes que han pasado más de doce meses fuera de España vuelvan a entrar en el país, aunque hayan nacido en territorio español. Esta es otra de las injusticias que a Andrew más le duelen. “Si un rico envía a su hijo a estudiar un año a Londres puede volver cuando quiera, pero si mis hijos pasan un año con su madre no pueden volver”, argumenta.

Así que decidió que España no era lugar para él. Consiguió finiquitar la hipoteca para poder después vender la casa. Compró un camión con el dinero que había conseguido y lo llenó de todas las cosas que creyó que en su país podían hacerle falta. Ni corto ni perezoso, se embarcó de vuelta a Nigeria con un camión lleno de bártulos más o menos aprovechables. Pensaba solventar un poco la situación familiar con lo que traía a cuestas, y dedicarse a trabajar con su camión una vez allí.

Tampoco tuvo suerte con esto. En Nigeria lo tomaron por contrabandista y los policías se quedaron todo lo que había en el camión, y hasta el camión. Andrew lo había perdido todo otra vez.

Volvió a España y contactó con el abogado que Francisco le presentó una vez. Recuperó su camión, que sigue en Nigeria, con tan mala suerte que las piezas que puede necesitar si se rompe sólo se venden en Europa. Nunca recuperó nada de lo que había en el camión.

En el año 2011 se trasladó a Pamplona y vive alquilado en una habitación que consiguió muy barata, pero desde entonces no ha vuelto a conseguir trabajo. Está esperando el momento oportuno para volver a Nigeria y empezar una nueva vida con su mujer, sus hijos y su camión, pero necesita algo de dinero. Ha pagado sus deudas, pero sigue pidiendo en la calle y buscando trabajo.

Cuenta su historia en su libro Within Spain que todavía no ha publicado, porque tiene miedo. Le encanta leer. Si quieres echarle una mano suele estar sentado en la puerta del BBVA de la calle Iturrama. La última vez que lo vi estaba leyendo un libro de Stephen King.

Acerca de Teo Peñarroja

Teo Peñarroja
Se me despeina una ceja, tengo agujeros en los calcetines y nunca pongo la alarma del móvil a horas en punto. Ah, y estudio Filosofía y Periodismo en la UNAV, pero claro, eso no es exactamente una biografía, aunque me describe bastante bien.

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