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Luz frente a tanta oscuridad

Abuelos y jóvenes, hijos y padres se reunieron ayer en la plaza de sant Jaume a las 9 de la noche. ¿El motivo? Los cristianos perseguidos. ¿El denominador común? Creer en el poder de la oración. Sí, todavía queda gente que reza.

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No hicieron un minuto de silencio, hicieron una hora de oración. En silencio y con recogimiento. No sé muy bien para qué sirve un minuto de silencio, tengo muy claro para qué sirve lo de ayer.

Nuestros hermanos de Siria e Irak (y de tantos otros países) también lo tienen muy claro. Este verano en Líbano conocí a gente que lo ha perdido todo, y cuando digo todo, es todo, por no renunciar a Cristo. Han perdido casa, trabajo, la posibilidad de educar a sus hijos, no les queda nada. Solo la Fe, la oración.

Podrían haber renunciado a Cristo pero decidieron seguirle, decidieron conservar la fe y perder todo lo demás. En Líbano viven en condiciones muy precarias. Los hijos no pueden estudiar, los padres no tienen trabajo, sus casas se caen a pedazos y muchos, por no tener, ni nevera tienen. Y para colmo, cuando acabe la guerra, no tienen casa en Siria, se la destruyeron. El futuro pinta muy negro, tanto como la oscuridad que reinaba ayer en la plaza antes de encender las velas y empezar el rosario. Y es que el mundo sin Dios es oscuro, muy oscuro.

Podrían rebelarse, podrían pedir explicaciones a Dios, podrían enfadarse, podrían culpar de todo su sufrimiento a Aquel que es el “causante” de todas sus desgracias. Podrían hacer todo esto pero no lo hacen.

Podrían dar la espalda a su cruz, renegar de ella, apartarla de su camino. Podrían, pero no lo hacen. Me decían que como cristianos de Oriente Medio sabían que les tocaba ser perseguidos y tenían muy claro que Dios jamás les había abandonado. Esa es la confianza en Dios que tanta falta nos hace a nosotros.

Ellos tienen todos los motivos para no aceptar la cruz, y no solo la aceptan, sino que la abrazan. Con una sonrisa en el rostro y el rosario en las manos.

Mientras, aquí en Occidente, nos avergonzamos de nuestra fe, de decir que seguimos a Cristo.  Buscamos mil excusas para no dar testimonio público de nuestra fe. Nos preocupa nuestra imagen, que nos etiqueten, nos preocupa no ascender laboralmente, nos preocupa que se rían de nosotros, hacer el ridículo, nos preocupa parecer bichos raros.

Y por duro que suene, mientras nosotros por estas estupideces callamos el nombre de Cristo, lo escondemos, hay gente que, teniendo verdaderos motivos para ser cautelosa, lo proclama a los cuatro vientos.

Nosotros por conservar nuestra imagen y por miedo al ridículo y al rechazo, hemos perdido la fe. Ellos por conservar la fe, lo han perdido todo.

Que la oración de ayer sirva, no solo para que Dios dé consuelo a tantos cristianos perseguidos en todo el mundo, sino también para que en nuestra vida diaria les tengamos como ejemplo de cristianos valientes y coherentes. Que mucha falta nos hace.

Acerca de Jaume Vives Vives

Jaume Vives Vives
Periodista. Autor de 'Las putas comen en la mesa del rey', 'Pobres pobres: 8 días viviendo en la calle' y 'Viaje al horror del Estado Islámico'. Ahora escribiendo mi cuarto libro, produciendo y co-dirigiendo un documental sobre los cristianos de Irak y cursando un máster de Marketing Digital. Director del @DiarioElPrisma y de @GuardianesFe. Canto cuando voy en moto. Católico.

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